JANET, LA REINA DURMIENTE DEL GOBIERNO REGIONAL DE LIMA

En los pasillos del Gobierno Regional de Lima hay (alguien) que no figura en ningún organigrama: el poder no siempre duerme en el despacho principal. A veces se esconde en una oficina contigua, con la puerta entornada y el silencio comprado. Allí, dicen, manda Janet Villalobos.

Oficialmente es secretaria de la gobernadora regional, Rosa Vásquez. Extraoficialmente, es otra cosa. Para muchos trabajadores del GORE Lima, Janet es la mano que mueve los hilos, la voz que decide quién entra, quién sale y quién aprende a callar. No tiene el perfil técnico para el cargo que ocupa, pero eso nunca fue un requisito cuando el aval viene de arriba.

Bajo el amparo político de la gobernadora, Janet habría operado durante los tres últimos años con un poder que desbordó incluso al del propio gerente general. Nadie lo discutía. Nadie lo cuestionaba. El miedo también forma parte de la planilla.

El año pasado, la burbuja se resquebrajó. La Fiscalía allanó oficinas del Gobierno Regional y la vivienda de Jhon Ávila, entonces jefe de Recursos Humanos. La revisión de celulares reveló conversaciones que, según fuentes fiscales, apuntarían a un presunto tráfico de influencias: cobros que iban desde los 500 hasta los 3 mil soles para asegurar un puesto de trabajo dentro del GORE Lima.

Los concursos CAS —en teoría públicos y meritocráticos— aparecieron en ese expediente como un trámite amañado, una puesta en escena. En ese entramado también fue mencionado Miguel Flores Morante, presunto nexo con la Gerencia de Desarrollo Social. El mensaje era simple y brutal: si querías trabajar, había que pagar.

Tras el escándalo, algunos funcionarios fueron retirados de sus cargos. No despedidos. Reubicados. Escondidos en oficinas sin rótulo, lejos de la vista pública, protegidos para que no “se queden en el aire” ni, peor aún, decidan hablar. La Fiscalía sigue investigando cómo se habría tejido esa red y quiénes sostienen aún sus nudos.

Hoy, Janet no solo seguiría controlando los pasillos del Gobierno Regional —donde el maltrato al personal es parte del método— sino que también habría asumido un rol clave en la deslucida campaña política de Ramón Aldave, esposo de la gobernadora. Un aspirante al Congreso que, según sus críticos, no está dispuesto a soltar la cómoda cercanía al Estado y busca un escaño bajo el paraguas del partido de César Acuña.

Las denuncias contra Janet no han dejado de llegar. Mensajes, audios, relatos que se acumulan en buzones digitales y que, por ahora, esperan el camino formal hacia la Fiscalía. Poco a poco, dicen, irán saliendo a la luz.

Mientras tanto, en alguna oficina del Gobierno Regional de Lima, Janet duerme. O finge dormir. Como una reina cansada después de un banquete ajeno, arropada por el silencio cómplice de un sistema que la protege. Afuera, la región sigue pagando el precio de años de lobby, influencias y poder mal usado.

Y el cuento, por ahora, no termina. (DIARIO EL CHASKI)

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