CRÓNICA DE MI PROPIA MUERTE…Por: Felipe Huamán Gutiérrez. Una mañana cualquiera, me encontraba en el campo, rastrojeando papas. Con esfuerzo, logré recolectar entre treinta y cuarenta kilos de aquellos tubérculos olvidados tras la cosecha. Los cargué al hombro y emprendí el regreso a casa, bordeando la chacra y el canal de regadío. Caminaba con paso firme cuando, de repente, sentí un golpe seco. Después, la nada. Al recuperar la conciencia, me descubrí flotando en el aire, suspendido en un vacío sin fin. Intenté descender, pero una fuerza invisible me mantenía prisionero en esa ingravidez desconocida. Desde allí, pude ver mi pueblo, mi casa, hasta que mis ojos encontraron a mi familia. Estaban sentados en una banca, llorando desconsoladamente. —¿Qué ha sucedido? — me pregunté con angustia. Agucé la vista y vi a mis amigos con rostros sombríos, cabizbajos, y al lado de mi casa, un ataúd. Un escalofrío recorrió mi ser. Quise bajar, averiguar qué pasaba, pero sentí una mano firme posa...