Entradas

Mostrando las entradas con la etiqueta Felipe Huamán Gutiérrez
Imagen
CRÓNICA DE MI PROPIA MUERTE…Por: Felipe Huamán Gutiérrez. Una mañana cualquiera, me encontraba en el campo, rastrojeando papas. Con esfuerzo, logré recolectar entre treinta y cuarenta kilos de aquellos tubérculos olvidados tras la cosecha. Los cargué al hombro y emprendí el regreso a casa, bordeando la chacra y el canal de regadío. Caminaba con paso firme cuando, de repente, sentí un golpe seco. Después, la nada. Al recuperar la conciencia, me descubrí flotando en el aire, suspendido en un vacío sin fin. Intenté descender, pero una fuerza invisible me mantenía prisionero en esa ingravidez desconocida. Desde allí, pude ver mi pueblo, mi casa, hasta que mis ojos encontraron a mi familia. Estaban sentados en una banca, llorando desconsoladamente. —¿Qué ha sucedido? — me pregunté con angustia. Agucé la vista y vi a mis amigos con rostros sombríos, cabizbajos, y al lado de mi casa, un ataúd. Un escalofrío recorrió mi ser. Quise bajar, averiguar qué pasaba, pero sentí una mano firme posa...
Imagen
"EL VIEJO CAJÓN: MEMORIAS DE UN COMPAÑERO DE BATALLAS"…Por: Por Felipe Huamán Gutiérrez. El tiempo avanza implacable, pero los recuerdos se aferran a la memoria como raíces profundas en la tierra del alma. Esta mañana, decidí recorrer los pasillos de mi infancia, abrir las puertas del ayer y revivir aquellos días que fueron mi mundo. En ese viaje nostálgico, me detuve a contemplar los vestigios de mi historia: los diplomas de primaria y secundaria, los certificados de educación superior; los libros gastados de Matemática de Máximo De la Cruz, el clásico Baldor, la Física de Juan Tauro, la Historia de Pons Muzo, y los versos inmortales de Vallejo, Arguedas, Valdelomar, Alegría, Neruda, Mariátegui, Chocano, Melgar, Scorza, Eguren... Entre esas reliquias también surgieron las imágenes de la vieja lampa y el infaltable "ayacho" de mi madre, herramientas con las que ella rastrojeaba papas y camotes tras la cosecha. Pero en medio de esos recuerdos, una presencia se impuso...
Imagen
MISTERIO DE LA HACIENDA…Por: Felipe Huamán Gutiérrez. Justino tenía ocho o nueve años cuando vivió aquella noche que nunca olvidaría. Eran tiempos en que las haciendas dominaban el valle de Cañete, cuando el algodón era el oro blanco y los campos se llenaban de braceros llegados de todas partes, ansiosos por la cosecha. Su madre, doña Margarita, trabajaba de sol a sol en la "paña", y Justino la acompañaba cada jornada, correteando entre las matas mientras ella llenaba sus talegos con las motas esponjosas. Cada tarde, al volver a casa con la piel impregnada del polvo del campo, Justino escapaba al estadio de Hualcará, donde se reunía con otros niños para jugar hasta que la oscuridad los expulsaba. Las calles carecían de alumbrado y el peligro no eran los hombres, sino las sombras que parecían tomar vida al caer la noche. Pero aquel día, Justino no regresó. La noche cayó sin rastro de él, y la angustia se apoderó de doña Margarita. Envolviéndose en su manta, encendió un lam...
Imagen
LAS LAVANDERAS Y EL CANAL MARÍA ANGOLA…Por: Felipe Huamán Gutiérrez. En aquellos tiempos, el pueblo aún no tenía agua potable. El líquido vital llegaba en cilindros, transportado por camiones repartidores, desde la curva de Alminares. Las familias pudientes compraban suficiente para llenar sus cilindros y abastecerse para el aseo y el lavado de ropa. Sin embargo, para muchas madres campesinas, el agua era un lujo medido en gotas, y los sábados se convertían en un ritual ancestral: el día de lavar en el canal de María Angola. Desde muy temprano, las mujeres se alistaban. Ataban la ropa sucia en grandes bultos, cargaban en sus espaldas, tomaban sus tinas de aluminio y emprendían el camino. Atravesaban en diagonal, las chacras de algodón o maíz, según la estación, mientras el aroma de la tierra húmeda del campo, se mezclaba con el aire de la mañana. Caminaban juntas, en una procesión de risas, cantos y murmullos, tejiendo historias entre ellas. Llegaban al canal y, con movimientos apr...
Imagen
LOS NIÑOS DEL PROFESOR ELADIO…Por: Felipe Huamán Gutiérrez. Adolfo y Felipe eran más que compañeros de aula; eran hermanos de la infancia, inseparables en el aula y en las travesuras, en la alegría y en la responsabilidad. Desde sus primeros años en la escuela primaria, destacaban no solo por su conducta ejemplar, sino también por la confianza que inspiraban. El profesor Eladio, maestro y director del colegio, veía en ellos reflejos de integridad y compromiso. Tal era su estima, que les confiaba un encargo insólito para unos niños: las llaves del aula. Cada mañana, cuando el alba apenas despuntaba, Felipe y Adolfo eran los primeros en llegar, abrían el aula y disponían todo para que los estudiantes registraran su asistencia, pues el director ya no tardaría en llegar para abrir la dirección y hagan lo mismo los profesores. El tiempo, siempre implacable, siguió su curso, y aquellos niños fueron dejando atrás los juegos infantiles para dar paso a la adolescencia. Ya con trece y catorce ...
Imagen
MAMA MARGARITA, UNA GRAN ESCUELA…Por: Felipe Huamán Gutiérrez La vida de doña Margarita fue una historia de lucha y sacrificio. Desde muy joven, el destino la ató a las arduas labores del campo, donde el sol implacable curtía su piel y sus manos se llenaban de grietas como testimonio de su entrega. No conoció la escuela, pues su infancia se desvaneció entre los surcos y el peso de las cosechas. Sin embargo, su ignorancia de letras no fue obstáculo para que, con una sabiduría innata, forjara un hogar donde el amor y la dignidad fueran el pan de cada día. Con el correr de los años, la maternidad la convirtió en una guerrera incansable. Sus hijos, su mayor tesoro, fueron el motor que la impulsó a desafiar cada jornada extenuante. La faena en el campo no tenía horario fijo, y muchas veces la noche la sorprendía en el camino de regreso, con el cuerpo adolorido, pero con el corazón lleno de esperanza. Sabía que en casa la esperaban ojos ansiosos y estómagos vacíos. Ella, con la fortaleza d...
Imagen
EL PUNTO NEGRO EN EL PUPITRE…Por: Felipe Huamán Gutiérrez. Cierta mañana, luego de monitorear algunas aulas de educación primaria, el sonido del timbre anunció el inicio del recreo. Como ya había finalizado mi labor con el profesor Jorge, me quedé conversando con él mientras observábamos a los niños, unos comiendo sus refrigerios y otros corriendo, envueltos en la alegría inocente de la infancia. Fue en ese instante cuando Jorge, con su sonrisa amplia y su voz pausada, compartió conmigo una de sus anécdotas más entrañables. —Un día —comenzó—, dejé una tarea especial para mis niños de primer grado. Les entregué a cada uno una hoja de papel bond y les pedí que expresaran, a través de un dibujo o unas palabras, cómo veían a su profesor y cuánto lo apreciaban. Les dije que podían escribir una poesía, un mensaje o simplemente pintar lo que les inspirara. Los niños recibieron la indicación con el entusiasmo propio de su edad, pero en ese momento tuve que salir un instante al baño. Al r...
Imagen
AMISTAD A TRAVÉS DEL TIEMPO…Por: Por Felipe Huamán Gutiérrez Cierta mañana, dos viejos amigos que no se habían visto en más de cincuenta años caminaban lentamente por las calles del pueblo. Sus pasos eran pausados, sus miradas se perdían en el horizonte, y cada uno recorría en su mente los recuerdos de una juventud compartida. Sin saberlo, ambos seguían el mismo camino, en veredas opuestas; uno de ellos había regresado de la capital y, absorto, paseaba por las calles de su niñez y juventud, mientras el otro, sumido en sus propios pensamientos, evocaba aquellos días lejanos. Algo extraordinario estaba por suceder. A medida que se acercaban, una chispa de reconocimiento cruzó las miradas de ambos. El corazón de uno de ellos latió con fuerza ante el presentimiento de que algo grande estaba a punto de ocurrir. Se dijo a sí mismo: —¡A este señor, parece, lo conozco! El otro amigo, como si hubiese escuchado aquel pensamiento, experimentó la misma sensación. Tras algunos tanteos y mirad...
Imagen
EL ESPECTRO DE LA MEDIANOCHE…Por: Felipe G. Huamán Gutiérrez En mi pueblo, la vida se mecía entre alegrías, travesuras y momentos que desbordaban melancolía. Los años sesenta y setenta estaban impregnados de historias que, como hojas al viento, revoloteaban en la memoria de todos. En ese entonces, la noche no guardaba amenazas; las calles eran seguras y el corazón, intrépido. Esa noche, tras muchas risas y cuentos compartidos bajo la débil luz de las farolas, decidimos retirarnos. Habíamos pasado horas frente a las cantinas, escuchando las melodías de las radiolas. Por un sol, el eco de tres canciones se deslizaba hasta el alma. La madrugada nos sorprendió, y en el aire quedaba el murmullo de nuestra juventud. Cruzamos juntos el patio del ex colegio Nº 4516, ascendimos la pequeña huaca y, al llegar al callejón, nos despedimos. Mis amigos tomaron el camino opuesto al mío, y yo seguí solo hacia mi casa, que bordeaba las chacras. Fue entonces cuando la vi. Una figura femenina apar...
Imagen
EL REFUGIO EN EL MAESTRO…Por: Felipe Huamán Gutiérrez. Cierta mañana, al llegar al colegio, como de costumbre, el portero-guardián conocido por todos como “el chino” ya estaba en la puerta, vigilando el ingreso de los niños. Al verme, se me acercó y me relató lo ocurrido unas horas antes: —Profesor, a eso de las seis de la mañana tocaron insistentemente la puerta del colegio. Cuando abrí, era un niño. Estaba llorando, vestía ropa de dormir y llevaba una mochila colgada del brazo. Le pregunté: ¿A quién buscas? Y me respondió: “Al director, al profesor Felipe”. Como usted todavía no había llegado, le dejé entrar. Fue directo a la puerta de su oficina y, al verla cerrada, se sentó frente a ella a esperar. Tras escuchar al portero, me dirigí al interior del colegio. Apenas me vio, el niño se levantó de golpe y corrió hacia mí. Me abrazó con fuerza, llorando desconsoladamente. Me incliné para abrazarlo también y, en ese instante, sentí en sus manos frías y temblorosas la profundidad de ...
Imagen
EL BANDERILLERO… Por: Felipe Huamán Gutiérrez Gran parte de mi vida los pasé en las chacras y terrenos de cultivo de Cañete, en especial de Imperial; siempre acompañaba a mi madre, ella era campesina. Siempre veía las actividades agrícolas que realizaban los campesinos, que fue para mi una gran lección, que nunca olvido. Algunas veces, desde lejos observaba, como los aviones iban y venían sobre los algodonales esparciendo un líquido blanco, lo notaba que era así, porque caía sobre nuestras ropas y dejaban puntos blanquecinos. Una mañana falló un “banderas”; me pasaron la voz para ir. Nunca había hecho ese trabajo, no sabía que iba hacer. Muy amables algunos jóvenes me enseñaron, yo hábil, rápido aprendí la lección. En mi primer día de trabajo, madrugué; en un costalito llevaba un polvo blanco que me había dado el jefe, al parecer tiza molida, y con eso me fui por la parte alta de la chacra marcando cada cierto tramo de cantidad de rayas de algodón. Apúrese me dijeron que ya viene e...
Imagen
"LOS REPARTIDORES DE AGUA"… Por: Felipe G. Huamán Gutiérrez. Imperial (distrito de la provincia de Cañete) en sus inicios, no tenía agua potable, fluido eléctrico, ni desagües. Las casas apenas tenían silos, y las aguas usadas del lavado y aseo personal regaban las calles, que eran de polvo, sin asfalto alguno. La vida en el pueblo crecía en comercio y en familias; y así, las autoridades levantaron una poza en la curva del camino hacia Carmen Alto y Alminares, donde, con una motobomba, extraían agua de las entrañas de la tierra. Esta agua era un tesoro que, como si de un ritual se tratara, subía a cilindros sobre camiones. Hombres y muchachos recorrían luego las calles de Imperial, vendiendo aquel recurso que llegaba en “latas” hasta cada hogar. Recuerdo especialmente al Señor Chumpitaz, al Señor Sánchez y el popular “Felipito”, quienes, junto a sus ayudantes, llevaban el agua a quienes más la necesitaban. Los jóvenes repartidores avanzaban a paso ágil, casi a la carrera, c...
Imagen
"EL CABALLO DE FUEGO"…Por: Felipe G. Huamán Gutiérrez Para llegar a mi centro de trabajo, caminaba por senderos de herradura. Muchas veces, debido al calor, comenzaba mi viaje en la madrugada, a las dos o tres de la mañana, y llegaba cuando los pajarillos comenzaban a cantar, y los primeros rayos del sol acariciaban las cumbres de los cerros, que se aclaraban en el horizonte. Aquella brisa helada de la madrugada serrana que rozaba mis mejillas era algo mágico, una bienvenida que en la madrugada me renovaba el ánimo. Recuerdo una noche que emprendí el camino desde la Comunidad Campesina de Mallay, situada a más de 3,500 msnm, aproximadamente a las diez y media. Descendí por una hora hasta llegar al fondo de la quebrada, a la Estación de Tectahuain, donde el Río Churín cruza en silencio bajo el puente. Pasando el río, continué por la carretera en dirección hacia Oyón, mi linterna y mi radio-casetera Sanyo como únicas compañeras, mientras huaynos de la zona resonaban en la noc...