EL “COLCHONERO”…Por: Felipe G. Huamán Gutiérrez Tenía apenas entre 9 y 11 años cuando me ofrecieron un trabajo en la hacienda. La emoción fue inmediata; acepté sin dudar, aunque poco sabía de qué se trataba o dónde sería. La propuesta llegó a través de un conocido de confianza, alguien respetado por mi madre. Su aprobación selló el acuerdo, y mi entusiasmo creció al imaginarme como parte de los hombres que trabajaban la tierra. El día comenzó temprano, con el traqueteo de un viejo tractor John Deere verde, cuyos años se notaban en la pintura desgastada y el rugido poderoso de su motor. El chofer, un hombre curtido por el sol y el trabajo, me hizo un gesto para que subiera. Sin pensarlo dos veces, me trepé al asiento metálico al lado suyo, con la sonrisa de quien se siente parte de algo grande. Partimos rumbo a las vastas chacras de papas, mientras el aire fresco de la mañana acariciaba mi rostro. Al llegar, observé cómo el chofer vertía un líquido blanquecino en el tanque que el tr...