TODO TIENE UN PRECIO…Por: Juan Percy Sánchez Samán. Esa mañana ingresé a una de las oficinas en una gobernación local de un distrito al sur de Lima, y un cuadro me llamó la atención; este, pendía desde la parte más alta de la pared ubicada tras el escritorio de la secretaria. Luchita, era el nombre de ella, era el reflejo laboral de una hormiga, una de aquellas secretarias con actitudes de antaño, había cumplido las mismas funciones con el papá del encargado de la gerencia y más que una secretaria, era una especie de guardaespaldas. Luchita mostraba siempre un rostro agestual, mostrando apenas una esbozada y efímera sonrisa en sus labios, misma que desaparecía instantáneamente dejando su rostro semejante a un guardia de seguridad ruso. — buenos días Luchita — expresé preguntando — ¿y eso? — señalando con un movimiento de rostro dirigido hacia el cuadro. Ella, volteó rauda en medio círculo sobre el eje de su sillón recostándose sobre su respaldar levantando la mirada hacia lo alto d...