EL PUNTO NEGRO EN EL PUPITRE…Por: Felipe Huamán Gutiérrez.
Cierta mañana, luego de monitorear algunas aulas de educación primaria, el sonido del timbre anunció el inicio del recreo. Como ya había finalizado mi labor con el profesor Jorge, me quedé conversando con él mientras observábamos a los niños, unos comiendo sus refrigerios y otros corriendo, envueltos en la alegría inocente de la infancia.
Fue en ese instante cuando Jorge,
con su sonrisa amplia y su voz pausada, compartió conmigo una de sus anécdotas
más entrañables.
—Un día —comenzó—, dejé una tarea
especial para mis niños de primer grado. Les entregué a cada uno una hoja de
papel bond y les pedí que expresaran, a través de un dibujo o unas palabras,
cómo veían a su profesor y cuánto lo apreciaban. Les dije que podían escribir
una poesía, un mensaje o simplemente pintar lo que les inspirara.
Los niños recibieron la
indicación con el entusiasmo propio de su edad, pero en ese momento tuve que
salir un instante al baño. Al regresar, uno de los pequeños se me acercó y, con
la dulzura de quien aún no mide el peso de las palabras, me preguntó si podían
hacerlo al día siguiente. No pude negarme. Les di más tiempo y les recordé que
al día siguiente tendrían treinta minutos para plasmar su inspiración.
Llegada la hora, los niños se
sumergieron en su tarea con el esmero de un artista frente al lienzo. Al cabo
del tiempo indicado, recogí los trabajos y los dejé sobre mi pupitre. Durante
un descanso, comencé a revisarlos uno a uno. Había dibujos llenos de color,
palabras que, aunque torpes en la caligrafía, eran hermosas en sentimiento.
Pero entre todos, hubo uno que me intrigó profundamente.
Era un dibujo sencillo, trazado
con manos aún inexpertas. Representaba el salón de clases: los niños en sus
mesas, la pizarra al frente y, en un lado, mi pupitre. Sobre este, un pequeño
punto negro.
Incapaz de descifrar su
significado, llamé a Daniel, el pequeño autor del dibujo. Lo felicité y, con
curiosidad, le pregunté:
—Daniel, tu dibujo está muy
bonito. ¿Puedes explicarme qué representa?
El niño, con la seguridad de
quien ha capturado el mundo en un pedazo de papel, comenzó a señalar:
—Aquí está la pizarra, estos son
mis compañeros en sus mesas...
Iba explicando con paciencia cada
trazo, mientras yo asentía, fascinado por la simpleza con la que veía el mundo.
Sin embargo, mi curiosidad persistía.
—Y dime, Danielito, ¿qué
significa este pequeño punto negro en el pupitre?
El niño abrió los ojos con
sorpresa, como si hubiera olvidado un detalle fundamental. Luego, con una
sonrisa inocente, exclamó:
—¡Ah, profesor, ese es usted
sentado en el pupitre!
Jorge soltó una carcajada al
recordarlo. Me confesó que no pudo hacer otra cosa que reír y compartir la
anécdota con el resto del aula. Los niños, entre risas y miradas cómplices,
parecían no ver en ello nada extraño. Para ellos, su profesor simplemente era
parte de su entorno, un punto más en el paisaje de su aprendizaje.
Jorge Joya Zegarra, mi amigo, era
un hombre moreno, de contextura gruesa y corazón generoso. Un maestro en toda
la extensión de la palabra. La vida lo ha llamado a otro destino, pero estoy
seguro de que, allá en el cielo, sigue sonriendo, tocando el cajón y bailando
el Alcatraz, como siempre lo hacía.
Descansa en paz, querido amigo

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