“EL CARGO NO HACE AL LÍDER, Y EL PODER PRESTADO SIEMPRE COBRA”...Por Andres Tello.
El paso de José Jeri por la presidencia encargada del Perú quedará como un ejemplo claro de lo que ocurre cuando el poder llega antes de que exista el carácter para ejercerlo. A sus 38 años tuvo una oportunidad excepcional, pero terminó consumiendo en pocos meses un capital político que a otros les toma toda una vida construir.
Las denuncias por presunto
tráfico de influencias, los cuestionamientos por contrataciones sin criterio
meritocrático y una gestión sin rumbo consolidaron una imagen preocupante. No
se trata de simples errores, sino de una forma equivocada de entender el poder,
más cercana a la improvisación que al liderazgo.
Nada fue casual. Su llegada a la
presidencia del Congreso de la República y luego al Ejecutivo encargado fue una
decisión políticamente calculada. Un Parlamento dominado por fuerzas
mayoritarias (Fujimorismo, Acuñismo, Peru Libre, Renovación, Podemos) decidió
colocar a un actor débil al frente en el último año previo a elecciones (Somos
Peru – Jeri). El objetivo fue claro: controlar el Ejecutivo desde el Congreso,
manejar ministerios, nombramientos, presupuesto y aparato estatal. Jeri aceptó
ese rol, creyendo que ejercía poder, cuando en realidad solo lo administraba
para otros, esta no fue una oportunidad, fue una trampa.
Todo esto era evitable. En nueve
meses pudo al menos iniciar una respuesta seria frente a la inseguridad
ciudadana, bajar la tensión política y permitir que el país se concentre en
elegir bien en 2026. No lo hizo. Optó por el protagonismo y la complacencia.
Este traspié terminó salpicando a
su partido. Aquí corresponde ser claro. Soy militante de Somos Perú, pero no
soy amigo de José Jeri. Lo conocí circunstancialmente y fui de los que
cuestionó públicamente que se asumiera la presidencia del Congreso en el último
año, independientemente de la persona. El tiempo confirmó esa advertencia. Este
es un error individual, no colectivo. Somos Perú no es parte ni cómplice de lo
ocurrido.
En el Perú esta situación se
entiende fácil. Es como el joven futbolista con talento que se va temprano al
extranjero y regresa derrotado porque no estaba preparado para la disciplina ni
la presión. En el argot popular se le conoce como el “síndrome de Reymond
Manco”: talento hay, oportunidad también, pero falta cabeza. En política pasa
exactamente lo mismo.
Y esto no es una crítica a los
jóvenes. Todo lo contrario. Los jóvenes deben participar, liderar y renovar la
política, pero no basta con conocimientos, carisma o años de militancia. La
consistencia emocional y moral es igual de importante.
Ese es, en buena medida, el gran
drama del Perú: basta mirar la larga lista de expresidentes, gobernadores
regionales y alcaldes hoy procesados o sentenciados para entender que el
problema no es la edad, sino la falta de carácter para resistir el poder, habría
que agregar a los requisitos para ser presidente y/o funcionario una evaluación
psicológica, incluso psiquiátrica, para cargos de máxima responsabilidad.
La evaluación psicológica mide el
carácter, el equilibrio emocional y la forma en que una persona toma decisiones
bajo presión; la evaluación psiquiátrica, en cambio, es un acto médico
orientado a diagnosticar y tratar patologías. Ambas inciden en quienes asumen
responsabilidades públicas, no para descalificar ni etiquetar, sino para
prevenir riesgos. Gobernar implica manejar poder, presión, conflicto y
tentaciones permanentes; ignorar el factor humano es uno de los errores más
graves del sistema político peruano. Evaluar no es excluir, es cuidar a las
personas y proteger a las instituciones.
Sí, este episodio se ha
convertido en una mochila para la campaña, pero no nos va a doblegar. En Somos
Perú no nos escondemos ni bajamos la cabeza: redoblamos esfuerzos. El candidato
presidencial tiene que estar más en la calle, más visible y más firme, y lo
mismo los candidatos al Congreso —diputados y senadores— todos, no unos
cuantos, dando la cara y mostrando carácter. Hemos sido golpeados por una
circunstancia inesperada, pero no somos responsables de ella. Ahora toca más
trabajo, más presencia y más convicción. La gente entiende, la gente sabe, y la
política se gana así: dando la cara cuando es más difícil, no cuando es cómodo.
La lección es dura, pero necesaria:
“EL CARGO NO HACE AL LÍDER; EL
CARÁCTER SÍ. Y APRENDER A TIEMPO TAMBIÉN ES UNA FORMA DE AVANZAR.”

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