CASO ROSA VÁSQUEZ: ¡EL DIABLITO TENÍA RAZÓN!... Por: Julio Munayco
Hay un silencio particular. Hace apenas unos meses, Rosa Vásquez caminaba por sus oficinas con la seguridad de ser dueña de un capital electoral inagotable. Hoy, tras la ratificación de una condena de 9 años de prisión efectiva (peculado doloso) por el caso del Centro Cívico de Matucana-Huarochirí, "la Cholita" ha pasado de las portadas de gestión a las de la sección policial.
Pero
este no es solo un drama legal; es la autopsia de un “suicidio mediático”.
𝗦𝗨𝗦 𝗗𝗘𝗟𝗙𝗜𝗡𝗘𝗦 𝗛𝗨𝗘𝗥𝗙𝗔𝗡𝗢𝗦
Vásquez
no gobernó con un gabinete técnico; gobernó con un ℎ𝑎𝑟𝑒́𝑛 𝑑𝑒 𝑙𝑒𝑎𝑙𝑡𝑎𝑑𝑒𝑠. Su gestión se caracterizó por un estilo de
"madrinazgo" donde la cercanía personal valía más que la eficiencia.
Sus "delfines" —un grupo mayoritario de consejeros regionales,
funcionarios y super asesores que la defendieron con una vehemencia que hoy
raya en la complicidad— se convirtieron en su primera y única línea de defensa.
𝐸𝑟𝑟𝑜𝑟 𝑒𝑠𝑡𝑟𝑎𝑡𝑒́𝑔𝑖𝑐𝑜 𝑓𝑎𝑡𝑎𝑙: Vásquez confió en que el ruido de sus
aliados bastaría para callar el eco de los tribunales. En marketing político,
esto se llama "falsa cámara de eco". Ella escuchaba las voces de sus
leales, ignorando que, fuera de su círculo, su imagen se estaba “pudriendo”. ¿𝑄𝑢𝑒́ 𝑑𝑒𝑏𝑖𝑜́ ℎ𝑎𝑐𝑒𝑟? Una marca política como ella, con más de 30
denuncias no se defiende con aplausos; se defiende con un "𝐸𝑠𝑐𝑢𝑑𝑜 𝑑𝑒 𝑇𝑟𝑎𝑛𝑠𝑝𝑎𝑟𝑒𝑛𝑐𝑖𝑎". Debió profesionalizar su comunicación
“mucho antes” de que el mazo de la ley golpeara, exponiendo ella misma sus
pasivos en lugar de dejar que la Fiscalía construyera el relato de "Los
Compadres de la Corrupción".
(Para
otro caso de estudio de toxicidad de una marca, los ínfimos votos de su esposo
Ramón Aldave en sus aspiraciones a diputado semanas atrás)
"𝗘𝗙𝗘𝗖𝗧𝗢 𝗗𝗢𝗠𝗜𝗡𝗢́" 𝗘𝗟𝗘𝗖𝗧𝗢𝗥𝗔𝗟
La
caída de Rosa pone en vilo la alianza de su partido con Alianza para el
Progreso (APP). A meses de las elecciones regionales y municipales del 4 de
octubre, los candidatos que ayer se colgaban de su cuello para las fotos hoy
podrían buscar desesperadamente un editor de fotos para borrarla del encuadre,
para no cargar con esa mochila de una lideresa que ahora se asocia con la
clandestinidad o la condición de prófuga.
Para
minimizar este golpe, una estratega real habría diseñado un 𝑃𝑙𝑎𝑛 𝑑𝑒 𝑆𝑢𝑐𝑒𝑠𝑖𝑜́𝑛 𝑑𝑒 𝐼𝑚𝑎𝑔𝑒𝑛. En lugar de centralizar todo el poder,
Vásquez debió haber "limpiado" su entorno de figuras cuestionadas
hace meses, preparando a un sucesor técnico que pudiera heredar la posta. Al no
hacerlo, ha dejado a sus futuros candidatos huérfanos y ser marcados ahora por
el estigma de la "protección hacia una prófuga", enfrentando pocos
meses de campaña electoral.
𝗟𝗔 𝗩𝗘𝗡𝗚𝗔𝗡𝗭𝗔 𝗗𝗘𝗟 𝗦𝗨𝗥
El
giro más poético de esta historia ocurre en la vicegobernación. 𝑁𝑖𝑐𝑜𝑙𝑎́𝑠 𝐵𝑎𝑟𝑟𝑒𝑟𝑎, el hombre de Cañete que fue sistemáticamente
humillado y degradado por el centralismo de Huacho y también de los delfines de
Vásquez, asumirá el mando en los próximos días. La soberbia de “La Cholita” la
llevó a tratar a Barrera como una figura decorativa, sin prever que la ley,
fría y escrita, le entregaría el látigo a quien ella misma despreció.
¿𝗖𝘂𝗮́𝗹𝗲𝘀 𝘀𝗼𝗻 𝗹𝗮𝘀 𝗮𝗰𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗕𝗮𝗿𝗿𝗲𝗿𝗮 𝗮𝗵𝗼𝗿𝗮? No será el perdón o ¿sí?
Sin
embargo, Barrera tiene hoy la oportunidad de oro de:
1.
Limpiar la cancha: Auditar cada rincón del "harem" de Rosa para
deslindar responsabilidades y, de paso, anular a los delfines que podrían
competir con él o con sus aliados en octubre electoral.
2.
El Eje del Sur: Mover el centro de gravedad político hacia Cañete, rompiendo el
centralismo huachano que ha dominado la región.
3.
Búsqueda de aliados por conveniencia: No buscará amigos entre los leales a
Rosa, sino entre los "traidores por supervivencia" que hoy buscan un
nuevo puerto para no hundirse el 4 de octubre. Entre ellos a los consejeros
regionales.
𝗘𝗟 𝗖𝗢𝗦𝗧𝗢 𝗗𝗘 𝗜𝗚𝗡𝗢𝗥𝗔𝗥 𝗘𝗟 𝗠𝗔𝗥𝗞𝗘𝗧𝗜𝗡𝗚 𝗣𝗢𝗟𝗜́𝗧𝗜𝗖𝗢
Como
analistas, solemos decir que el activo más caro de un político no es su
campaña, sino su “𝑠𝑖𝑙𝑒𝑛𝑐𝑖𝑜”. El caso de Rosa Vásquez es la prueba de que
en el Perú seguimos creando "gigantes electorales" que son, en
realidad, analfabetos en “comunicación de crisis”.
El
error de Vásquez no fue solo legal; fue una 𝑛𝑒𝑔𝑙𝑖𝑔𝑒𝑛𝑐𝑖𝑎 de diseño. Ella construyó un edificio de diez
pisos (su poder regional) sobre una base de triplay (su gestión de imagen).
Creyó que ganar una elección regional era el final del camino, cuando en
realidad es solo el inicio de una guerra de percepciones mediáticas donde el
enemigo no solo es el fiscal, sino el relato que la opinión pública construye
sobre ti mientras tú no dices nada.
𝗟𝗔 𝗔𝗡𝗔𝗟𝗢𝗚𝗜́𝗔
Imagina
que un político es un conductor de carreras. La mayoría gasta todo su dinero en
el motor (votos, mítines, prensa, clientelismo), pero nadie quiere gastar en
los frenos o en el cinturón de seguridad (comunicación profesional, RRPP,
gestión de medios). Rosa Vásquez corrió a 200 km/h sin cinturón. Cuando chocó
contra la pared de la realidad judicial, no tuvo ninguna estructura que
amortiguara el impacto.
La
comunicación política profesional no está para "ℎ𝑎𝑐𝑒𝑟𝑡𝑒 𝑣𝑒𝑟 𝑏𝑜𝑛𝑖𝑡𝑜" cuando todo va bien. Está para que,
cuando llegue el golpe como éste, tengas una comunidad de defensa —periodistas
que duden, técnicos que te respalden, redes sociales que maticen, personas
reales que defiendan— que impida que tu marca se convierta en cenizas en menos
de 24 horas. Sabiendo que se ha vuelto 𝑡𝑜́𝑥𝑖𝑐𝑎 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑠𝑢𝑠 𝑎𝑙𝑖𝑎𝑑𝑜𝑠.
𝗘𝗟 𝗖𝗔𝗠𝗣𝗢 𝗠𝗜𝗡𝗔𝗗𝗢
Ahora,
el escenario para el 4 de octubre es un campo minado. Los candidatos de la
Cholita están descubriendo, por las malas, que la lealtad a una
"Madrina" no te da votos cuando la madrina está ya entrando a la
clandestinidad. Al no profesionalizar el partido y centrar todo en su figura,
Vásquez ha canibalizado las aspiraciones de sus propios delfines. Mientras
tanto, Nicolás Barrera no solo asume el cargo; asume la oportunidad de
reescribir la historia, usando los mismos recursos del Estado para
"limpiar la cancha" a su favor.
𝗥𝗘𝗙𝗟𝗘𝗫𝗜𝗢́𝗡 𝗣𝗔𝗥𝗔 𝗘𝗟 𝗣𝗢𝗟𝗜́𝗧𝗜𝗖𝗢
Si
eres candidato, autoridad o político, el caso de Rosa Vásquez te obliga a
mirarte al espejo y responder estas cuatro preguntas clave antes de que sea
tarde:
1.
¿Quién controla tu historia? Si hoy te abren una investigación, ¿quién daría la
cara por ti con argumentos técnicos, o tu única defensa sería decir que es
"persecución política"? (Un argumento que ya no convence a nadie).
2.
¿Tienes un "Botón de Pánico" reputacional? ¿Tu equipo de
comunicaciones sabe qué hacer en las primeras dos horas de una crisis, o van a
esperar a que el titular de prensa ya esté impreso para recién reaccionar?
3.
¿Estás construyendo un partido o un club de amigos? La lealtad por favor
(madrinazgo) se rompe ante el primer susto legal. La lealtad por convicción y
profesionalismo es la única que sobrevive a una sentencia.
4.
¿Tu marca política depende de tu cargo? Si mañana dejas de ser autoridad, ¿qué
queda de tu imagen? ¿Un líder o un sospechoso?
𝗟𝗔 𝗠𝗢𝗥𝗔𝗟𝗘𝗝𝗔 𝗘𝗦 𝗕𝗥𝗨𝗧𝗔𝗟
Un
político que pone la comunicación y el marketing en el último plano, está
aceptando que su carrera tiene fecha de caducidad. En la política moderna, si
no gestionas tu percepción, la percepción de los demás te gestionará a ti... y
usualmente lo hará para “llevarte al olvido... o a la cárcel”.
𝐴𝑙 𝑓𝑖𝑛𝑎𝑙, 𝑒𝑙 𝑑𝑖𝑎𝑏𝑙𝑖𝑡𝑜 de Rosa Vásquez 𝑟𝑒𝑠𝑢𝑙𝑡𝑜́ 𝑠𝑒𝑟 𝑒𝑙 𝑢́𝑛𝑖𝑐𝑜 “𝑎𝑠𝑒𝑠𝑜𝑟 𝑡𝑒́𝑐𝑛𝑖𝑐𝑜” 𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑒 𝑑𝑒𝑐𝑖́𝑎 𝑙𝑎 𝑣𝑒𝑟𝑑𝑎𝑑.

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