INCOMPETENCIA TAMBIÉN ES CORRUPCIÓN: EL RIESGO OCULTO TRAS NOMBRAR FUNCIONARIOS SIN CAPACIDAD

* Su posicionamiento en América Latina.

Una corrupción silenciosa destruye la administración pública sin desviar fondos directamente porque colocar a personas incapaces al frente de entidades estratégicas causa un deterioro interior profundo.

Cuando la lealtad política reemplaza al mérito, la administración pública pierde la capacidad para resolver problemas.

Este fenómeno se convirtió en una constante en buena parte de América Latina. Los cambios de gobierno suelen impulsar una renovación masiva de funcionarios para distribuir cuotas de poder entre partidos, aliados y grupos de interés.

Esta práctica reduce la calidad de las decisiones públicas, retrasa proyectos, incrementa los errores administrativos y desperdicia recursos.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) sostiene que los servicios civiles profesionales fortalecen la confianza ciudadana y aumentan la capacidad del Estado para enfrentar crisis complejas.

En cambio, la politización de la administración pública debilita las instituciones. Designar deliberadamente a una persona sin las competencias requeridas constituye una forma de corrupción institucional, pues el interés particular sustituye al interés general.

Asimismo, quien acepta dirigir una institución sabiendo que carece de los conocimientos y la experiencia necesarios también incumple un deber ético.

La función pública no puede convertirse en un espacio de aprendizaje improvisado cuando las decisiones afectan la seguridad, la economía, la salud o la vida de millones de personas.

Como advertía el sociólogo Max Weber, la política exige una "ética de la responsabilidad" donde gobernar implica asumir decisiones con pleno conocimiento de sus consecuencias.

El problema adquiere mayor gravedad ante el avance del crimen organizado transnacional. Las organizaciones criminales prosperan allí donde encuentran instituciones débiles y autoridades sin capacidad técnica.

Ninguna afinidad política o buena voluntad sustituye al liderazgo y al conocimiento especializado.

Un ministerio mal dirigido puede paralizar inversiones, deteriorar servicios básicos y profundizar la desconfianza en las instituciones. Por ello, la historia demuestra que los países con administraciones públicas profesionalizadas resisten mejor las crisis políticas y económicas.

La reforma exige consolidar un servicio civil meritocrático, fortalecer los concursos públicos, blindar los cargos técnicos frente a las presiones políticas y establecer mecanismos de evaluación.

Cuando el mérito guía el acceso al servicio público, las instituciones recuperan credibilidad y el Estado gana eficacia. (EXPRESO)

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